Los Castros más importantes de Galicia para visitar en familia

Viajamos al pasado para recrear nuestra historia y conocer los Castros más importantes en Galicia.

De norte a sur y de este a oeste, nos adentraremos en el mundo de los celtas, viajaremos a la Edad de Hierro, donde comenzó la civilización celta, y a la Edad de Bronce, época de su máximo esplendor.

Así son los Castros más importantes de Galicia:

1.- Santa Tecla (Pontevedra)

Situado en La Guardia (A Guarda), posiblemente sea el más espectacular y emblemático de todos los castros de Galicia. Permite observar desde un punto privilegiado a 341 metros de altitud la desembocadura del río Miño y el país vecino, Portugal.

Fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1931​ y también tiene la consideración de Bien de Interés Cultural. En varias de las piedras del monte se encuentran petroglifos elaborados 2.000 años antes de la ocupación del castro, por lo que, según las últimas tesis, tuvo una ocupación continuada entre los siglos I a. C., al poco de comenzar el proceso de romanización de Galicia, y el siglo I d. C., y a partir de ese momento comenzó un lento proceso de abandono, que bien pudo haber sido interrumpido con reocupaciones esporádicas temporales en época tardorromana.

Cuenta con un museo en el entorno (Entrada: un euro)

 

2.- Baroña (A Coruña)

El más importante y mejor conservado de Galicia. El Castro de Baroña es un asentamiento que data de la Edad de Hierro, concretamente estuvo habitado desde el s. I a.C. hasta el s. I d. C. La excavación que dio lugar a su descubrimiento data del año 1933, sufriendo una importante restauración en 2012 que le devolvió parcialmente el estado original.

Situado en un lugar sobrecogedor dominando la playa de Arealonga, el castro de Baroña, perteneciente al bello enclave de Porto do Son, es uno de los mejor conservados y, al mismo tiempo, uno de los más originales.

 

3.- Viladonga (Lugo)

El castro de Viladonga es un castro galaico-romano situado en el municipio de Castro de Rey. Está localizado sobre una colina de 535 metros sobre el nivel del mar, desde donde se domina visualmente gran parte de la comarca lucense de A Terra Chá. El 11 de diciembre de 2009 fue declarado Bien de Interés Cultural por la Xunta de Galicia.

Los trabajos arqueológicos en el castro empezaron en 1971. Se trata de uno de los castros más conocidos y mejor conservados de Galicia, debido en gran parte a que desde el año 1983 cuenta con un museo monográfico.

Museo:
Abierto todos los días (excepto 24, 25 y 31 de diciembre y 1 y 6 de enero)
De marzo a octubre: de 10 a 20 h.
De noviembre a febrero: de 10 a 19 h.

Castro:
Acceso libre todos los días del año.

Tenéis más información en este enlace.

 

 4.- Cidá de Borneiro (A Coruña)

Conocido como A Cidá o Cibdá fue el primer castro de Galicia en ser datado con el método del Carbono 14. Estuvo habitado entre los siglos VI a.C. y I d.C. y parece que la vida desapareció lentamente y aunque sus dimensiones son reducidas, se encuentra en buen estado de conservación. Este de Cabana de Bergantiños tiene el atractivo añadido de encontrarse muy cerca del dolmén de Dombate, uno de los más carismáticos de Galicia.

En la actualidad, A Cidá de Borneiro presenta excavadas las tres cuartas partes del recinto principal y un total de 43 construcciones.

La acrópolis está delimitada en todo su perímetro por un parapeto de tierra, de altura variable, que aún conserva los restos de la muralla defensiva.

Otro recinto amurallado se encuentra en la zona Este, coincidiendo con la entrada principal del poblado. Se trata de un barrio exterior formado por una fuente con desagüe de losas y un monumento con horno circular. En la restauración del año 2007 apareció una “pedra formosa”, lo que demuestra su funcionalidad como sauna o zona común dentro del poblado.

 

 

5.- Castro San Cibran Las – “A Cidade” (Ourense)

Situado en el cruce de los ríos Miño y Barbantiño, el castro de A Cidade destaca por la gran superficie que ocupa, aproximadamente unas 10 hectáreases y por ser uno de los poblados fortificados en proceso de excavación de mayor tamaño, sólo comparable al de Santa Tecla.

En su morfología general destaca la existencia de dos recintos amurallados: la “croa” o recinto superior y el recinto inferior, de mayor superficie y donde se ubica el espacio habitacional del yacimiento. Una única calle empedrada cruza los recintos de Este a Oeste. El poblado se encuentra rodeado de un fuerte sistema defensivo, formado por sólidas líneas de murallas, un foso y parapetos.
Es un castro representativo de la etapa final de la cultura castrexa, estuvo habitado desde el s. II a.C. hasta el s. II d.C., existiendo ocupaciones residuales durante los s.III y IV d.C. Visitarlo permite hacernos una idea de cómo sería la vida hace 2000 años en el noroeste peninsular.

 

6.- Castro Candaz (Lugo)

Castro Candaz son los restos de un poblado castreño y una fortaleza medieval. Están situados en la desembocadura del río Lama y el río Enviande (en el río Miño), exactamente en la parroquia de Pedrafita (Chantada) y es denominada la gran casa de Galicia. Os recordamos nuestra visita en este enlace.

Solamente se puede visitar en época de sequía. Suele ser habitual habitual en septiembre, tras un verano de escasa lluvia cuando el castro parece que por arte de magia emerge de las aguas.

 

7.- Neixón (A Coruña)

Se trata de un espacio ubicado en la parte norte de la Ría de Arousa, a un lado de la ensenada formada por la desembocadura de los ríos Grande y Beluso. Los Castros de Neixón forman parte de los principales atractivos turísticos de la Comarca de Barbanza y de la Mancomunidad de Arousa Norte. Constituyen en sí mismos, uno de los conjuntos arqueológicos de la época castrexa de mayor antigüedad de Galicia, datados entre el s.V a.C. y el s.IV d.C; motivo por el cual han sido declarados Bien de Interés Cultural en el año 2011 por la Xunta de Galicia.

Los conocidos como Castros de Punta Neixón son dos poblados contiguos: Castro Pequeno Castro Grande, cuyo período de ocupación transcurre desde finales de la Edad de Bronce hasta la época tardorromana.

 

8.- Castromao (Ourense)

El yacimiento arqueológico de Castromao se sitúa en un monte sobre el lugar de Santa María de Castromao, con 732 metros de altitud, que se encuentra a unos dos kilómetros de la Villa de Celanova, es uno de los principales referentes de la cultura de los castras del Noroeste peninsular.

Se han llevado a cabo, en este castro, numerosas excavaciones e investigaciones gracias a las cuales podemos asegurar que ha tenido una larga presencia en el tiempo. Estas excavaciones también nos dejan al descubierto más de 70 estructuras ocupacionales, estructuras defensivas, tales como la muralla o muros de contención, e incluso parte de una calle enlosada.

Data de la Edad de Hierro desde los siglos VI o V antes de Cristo hasta el II después de Cristo, mientras que las partes más bajas presentan una intensa romanización especialmente durante los siglos I y II d.C.

Se encuentra rodeado por una muralla con una longitud de 485 metros. La zona amurallada alcanza una superficie de unos 20.000 metros cuadrados, con un eje máximo de 150 metros.

Cuenta con piezas tan singulares como el conocido, trisquel calado de Castromao, la tabula, la figura zoomorfa, o el tesorillo de monedas del siglo I, que se pueden observar en el Museo Arqueológico Provincial.

Foto: Marita Seara

9.- Cervantes (Lugo)

El castro de Cervantes, ya de época romana (Siglo I o II) aunque inmerso en el mundo celta, estuvo siempre relacionado con el mundo de la minería. Se localiza en un promontorio en el valle del río Quindós, afluente del río Navia. Tiene forma elíptica, de norte a sur mide unos 80 metros y de este a oeste unos 50 metros.

Fue estudiado entre 1995 y 1996 y se calcula que solamente se excavó una décima parte de su superficie. Los materiales encontrados se encuentran en el  Museo Provincial de Lugo. Se documentaron 23 construcciones de uso doméstico, además de zonas de paso, canales, muros de nivelación, escaleras, muros de descarga y de nivelación y sistemas de drenaje.

Sobre los restos del conjunto se construyó una necrópolis medieval, entre los siglos  XIII y XIV, reutilizando parcialmente piedras del asentamiento. Tenían 63 sepulturas, en muchas de las cuales se pudieron recuperar restos óseos.

 

 

10.- Peñalba (Pontevedra)

El de Peñalba, en Campo Lameiro, es uno de los más antiguos y se encuentra sin vigilancia en el monte Agüeiros, en la parroquia de San Miguel de Campo. Se han excavado unas 30 casas, además de los dos recintos amurallados. Tiene también el interés de encontrarse en el entorno del Parque Arqueológico de Arte Rupestre más importante de la península en lo que respecta a petroglifos.

Entrada: 5 euros.

 

¿Quieres saber más?

Tipología de los castros:

  • Castros de interior

Constituyen el tipo más frecuente y característico. Están situados en colinas o elevaciones prominentes, pero raras veces en cumbres altas. Tienen planta circular u ovalada y cuentan con una o varias murallas. Un típico ejemplo es el castro de Coaña (Principado de Asturias).

  • Castros de montaña

Situados en zonas montañosas altas, se localizan en las laderas y tienen forma oval, con fosos artificiales por el lado superior y murallas o terraplenes hacia el valle. Datan de época romana y están vinculados a explotaciones mineras. Ejemplo de este tipo son los castros de Vilar en la Sierra del Caurel, Xegunde en Fonsagrada (Lugo) y Monte Castrelo de Pelou en Grandas de Salime (Asturias).

  • Castros costeros

Son de planta variada,aunque suelen ser redondos u ovalados, adaptándose al terreno. Las defensas naturales del lado del mar se ven complementadas con murallas y fosos hacia el interior. Son muy abundantes y un ejemplo son los de Baroña en la sierra de Barbanza o el castro del Cabo Blanco en El Franco (Asturias) dotado de un imponente foso esculpido en la pizarra.

El urbanismo de los castros

Los poblados castreños acostumbran a erigirse en colinas despejadas, promontorios rocosos o penínsulas que se adentran en el mar, lo que facilita la visibilidad, la defensa y el dominio del contorno. El lugar del asentamiento viene dado también en función de los recursos naturales explotados por los moradores. Los castros cuentan con un recinto superior, la “croa”, y una serie de terrazas dispuestas hacia abajo dónde se sitúan las construcciones. Cada una de estas secciones puede estar limitada por murallas, parapetos o fosos. A veces hay una especie de añadidos, los antecastros, que también se rodean de murallas pero no albergan viviendas, por lo que se supone que estaban destinados a animales o huertos.

Los castros acostumbran a tener una única entrada, que también cumple la función de impedir el paso. En algunos casos es un simple engrosamiento en los remates de la muralla; en otros, un entrepaño de la muralla sobrepasa al otro formando un corredor estrecho. Se supone que se cerraban con puertas de madera.

Las defensas de los castros no parecen responder únicamente a necesidades bélicas, sino también de prestigio y de delimitación simbólica del espacio habitado. De hecho, son pocas las armas que se han encontrado. Además de las defensas naturales, se encuentran estructuras de tres tipos:

  • Terraplenes. Desniveles en el terreno formados por tierra y piedra, que pueden ser naturales. Son la base de las defensas y habitualmente provienen de los escombros de las obras fundacionales en el interior.
  • Parapetos. Elevaciones artificiales del terreno en los puntos más desprotegidos (entradas y zonas llanas).
  • Fosos. Gabias alargadas y profundas, generalmente asociadas a los parapetos, que pueden estar excavados en tierra o roca viva.
  • Murallas. Defensas de mampostería de tipología variada, como por ejemplo, dos muros paralelos de piedras con un relleno de piedra. Desde el interior se subía a ellos mediante escaleras de madera, lajas encastradas, rampas o piedras. Pueden existir torres defensivas en los accesos a las puertas. Suelen elementos tardíos, aunque las murallas modulares que presenta casi una decena de castros del actual territorio asturiano se datan a partir del siglo IV a. C.

Lo más habitual es la ausencia de organización urbanística. En el siglo I aparecen agrupamientos de edificaciones (“barrios”), formados por varias construcciones rodeadas por un muro con una sola abertura hacia la calle. Este tipo de organización es común en grandes poblados como Citânia de Santa Luzia, así como en poblados más modestos como el Castro do Vieito. Puede tratarse de unidades familiares, en las que una construcción sería la vivienda y las otras, silos y almacenes. Las casas no comparten paredes medianeras, sino que están separadas de las demás, no se sabe si como reflejo de la idiosincrasia de esta cultura o debido a las dificultades para hacerlo en las construcciones circulares. Tampoco cuentan con ventanas.

El piso de las viviendas era de barro apisonado. Con anterioridad a los siglos II-III a. C., los muros se construían generalmente de adobe, con un poste central. Posteriormente se usó mampostería en filas más o menos horizontales (o poligonales, en algún caso). Las cubiertas se hacían de ramas reforzadas con barro y sujetas por pesos o posteriormente de tejas. A partir del siglo I y debido a la influencia romana, se hacen más abundantes las plantas cuadradas o rectangulares. El elemento esencial de una vivienda es el hogar, que en el cambio de era se situaba en el centro y estaba hecho con lajas o barro y a finales del siglo I se desplaza hacia un lateral y se hace, en algunos casos, con tejas.

Se sospecha que algunos edificios grandes, en los que un banco de piedra recorre el muro y en los no se encuentran restos de habitación, habían podido haber sido recintos de reunión. Se tienen localizados también hornos, preferentemente próximos de las salidas o en el exterior.

 

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