Las pesadillas en los niños al dormir

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¿Sabías que los niños son más susceptibles que las niñas a padecer pesadillas al dormir?

Pero no debemos confundir las pesadillas con los terrores nocturnos.

PESADILLAS

Las pesadillas son una experiencia muy común en la infancia y suelen aparecer a partir de los dos años y con mayor frecuencia a partir de los tres.

Suelen sucederse cuando los peques están preocupados por algo y no debemos olvidar que la memoria reciente sigue funcionando en la fase del sueño. Esta fase es la continuación de las emociones a las que se enfrenta el niño y aun no sabe controlar.

No lo veáis como algo negativo, ya que muchos científicos afirman que son una forma de aprendizaje emocional. En este punto es muy importante que le expliquéis al niño que es normal lo que está viviendo y que todos hemos pasado por ello.

Réstale importancia e interactúa con él. Si las pesadillas son muy frecuentes averigua que es lo que le está atormentando, busca el lado positivo y no entres en muchos detalles.

Pasados unos días y si notáis que el niño está calmado, podéis retomar la conversación en un ambiente más distendido. ¿Te acuerdas de la pesadilla del otro día? Que no te note preocupado, ríete en todo momento como si estuviera contándote un cuento divertido.

En nuestro caso, Edgar, tras ver la imagen del Circo de los Horrores no era capaz de dormir. Tras mucho trabajo con él, ahora le encanta toparse por la calle a su “amigo feo”.

Las reglas básicas de la higiene del sueño.

La higiene del sueño puede mejorarse mediante la concentración en estas tres áreas clave:

  • El tiempo de sueño. Una de las causas más importantes de que los niños y nosotros mismos no podamos dormir bien son los horarios. Procura ser estricto a la hora de acostarlo y despertarlo. Los sábados podéis usarlos como día libre 😉
  • Tener una mente relajada que permita entrar en un sueño profundo sin preocupaciones.  Para ello necesitas un ambiente tranquilo y una temperatura agradable. No excites al niño justo antes de irse a dormir. Baja progresivamente el tono de tu voz, el volumen de la televisión, en definitiva, todo lo que posteriormente pueda perturbar el sueño.
  • No abuses de la siesta. Los médicos indican que 45 minutos son ideales para un perfecto efecto de recuperación y que más de dos horas no son buenas. (luego dependerá mucho de cada niño)
  • Y quizás una de las más importantes a la hora de la siesta. Si pasado un tiempo el niño sigue muy activo y no es capaz de dormir, no lo fuerces. En un futuro lo verá algo negativo.

 

TERRORES NOCTURNOS

Son menos frecuentes y suelen aparecer en las fases 3 y 4 del sueño No REM, normalmente en la primera mitad de la noche.

A diferencia de lo que sucede en las pesadillas, no suele despertarse fácilmente a pesar de tus esfuerzos por sacarlo del momento desagradable. Si finalmente se consigue, el niño se muestra confuso, desorientado durante unos minutos y con una cierta sensación de temor pero no tan acusado como en el caso de las pesadillas. No hay recuerdo del sueño y si no se ha despertado totalmente vuelve a dormir inmediatamente sin recuerdo de lo sucedido al día siguiente.

Durante este episodio es muy importante no hablarle ni despertarle.

Si los episodios son muy frecuentes, recuerda que “los sueños” suelen aparecer en los últimos diez minutos antes de despertarte. Por lo que sería interesante que te adelantaras y lo levantaras tranquilamente antes de tiempo y antes de que aparezcan esos episodios.

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